Opinión: acerca del Concurso de Diseño de Citroën

11/01/2011

El diseñador automotriz Hernán Charalambopoulos envió su particular -y crítica- opinión acerca del concurso de diseño que realizó Citroën Argentina. Charalambopoulos destaca la iniciativa de la terminal automotriz, aunque señala que “le faltó seriedad al elegir a los seleccionadores”.

Leer el texto completo a continuación.

Por Hernán Charalambopoulos

Hace unos días, charlando con CC, comentábamos acerca del Concurso de Diseño organizado por Citroën, y -como buenos apasionados-, intercambiamos fogosas opiniones, entre las que intentaré rescatar las mías, ya que las de él, estarán ya plasmadas sobre este espacio.

Antes que nada, me parece una gran idea por parte de Citroën organizar un evento de este tipo del que participaron algo más de cuatro mil propuestas, lo que da la pauta de la magnitud y la repercusión mediática que tuvo.

Es la primera vez que en el medio local se asocia una marca de automóviles a un concurso tan importante, y con el apoyo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que a través del Centro Metropolitano de Diseño le dio un marco más respetable aún.

Por mi parte debo decir que un alumno de mi taller, Alejandro Conzón, formó parte del grupo ganador y ello me pone muy contento, así como otros alumnos que participaron con suerte dispar, aunque todos muy entusiasmados con la idea y la propuesta de la automotriz.

La publicidad hecha en los medios, más la cantidad de dinero que se entregó en premios da la pauta de la inversión realizada por Citroën en esta contienda. Sin embargo, me surge una duda:

De cuatro miembros que tenía el jurado, solamente una persona estaba de alguna manera informada de lo que significa un automóvil, cómo funciona y qué valores -tanto conceptuales como estéticos- se aplican al más complejo de los productos industriales a la hora de crearlo.

Que haya un funcionario municipal, un diseñador industrial y un diseñador gráfico, (con el inmenso respeto que me merecen sus trayectorias) completando el jurado, me da la pauta de la poca noción que se tiene en nuestro país de lo que es diseñar autos, ya que los valores que se aplican en su creación -aunque a la mayoría de los colegas industriales no les guste escucharlo-, son muy específicos y deben ser evaluados con ojos de “Car Designer”. No se me enojen, muchachos, pero es así.

Esto trae como consecuencias que las propuestas ganadoras no tengan un lenguaje de vanguardia, sino más bien sean reinterpretaciones formales de objetos ya existentes: no hay un desarrollo estético y tanto menos conceptual, ni de arquitectura a la altura de las circunstancias, y aquí es donde chocamos siempre: el automóvil tiene un fuerte componente estético y -guste o no- el diseño es un oficio que se aprende, que lleva tiempo y mucha dedicación. La estética para el diseñador industrial viaja en otro plano: en el automóvil es más importante, y existe un gran desarrollo en pos de lograr siempre formas nuevas. Es idea más belleza. No los tomemos como conceptos excluyentes. ¡No seamos tan avaros¡

En el automóvil, si dejamos de lado la estética para enfocarnos solamente en la funcionalidad, falta hacer la mitad del trabajo. Además, quiero rescatar que muchas de las propuestas no contemplaban la dirección que Citroën está imponiendo a nivel mundial. Si la marca gasta millones en transmitir una imagen deportiva, con gastos de nueve cifras en euros para que el señor Sébastien Loeb pulverice todos los récords imaginables, si hasta diseñan un auto creado solamente para videojuegos, y las trompas (rostros) de sus autos están siempre más enojadas y agresivas, ¿cómo puede ser que quienes se llevaron premios hayan presentado propuestas de un auto que se maneja solo?

Hay que reinterpretar el placer de conducir y adaptarlo a las nuevas tecnologías para que sea una experiencia sensorial única. Que no nos quiten el placer de conducir. Será by wire, con joysticks, y asientos que levitan en campos electromagnéticos, y con información transmitida por hologramas que flotan en el espacio, pero yo quiero tener siempre el control.

Una de las propuestas ganadoras tenía la peculiaridad de que la línea superior del tablero estaba a la altura del apoyacabezas delantero. Prueben en su auto, poner el tablero a la altura de su cabeza: ¡no se ve para adelante! Eso, un diseñador de autos lo ve y lo descalifica inmediatamente. ¡Aquí lo premiaron!

Como amante de los automóviles, y profesional de esto, me queda una sana reflexión: ¿era tan costoso y difícil traer un diseñador de Citroën Francia, aunque sea el último de la fila, para que sea él quien elija, o al menos dé la palabra final en la elección de los ganadores, y no un grupo de gente bien intencionada, pero que en su mayoría no sabe nada de autos?

El diseñador de autos, como tal, sabe lo que sirve y lo que no, y además tiene la información de la identidad de marca que es lo más importante a la hora de definir un concepto. Si alguien de Citroën Francia pregunta por este concurso y le muestran los ganadores, se quedará con una imagen del diseño argentino que no es tal, y no por culpa de los diseñadores que participaron, sino por la miopía de quienes decidieron quiénes eran los mejores, dando una muestra más de lo que se logra cuando sólo nos ocupamos de las formas y no de evaluar el contenido en profundidad.

Me queda un gusto agridulce, porque es innegable la voluntad de la marca en hacer bien las cosas, pero por otro lado -y más allá del impacto mediático-, le faltó seriedad en elegir a los seleccionadores como para hacer de este un ejemplo y modelo de concurso del nivel que Citroën se merece ofrecer.

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